Sagunto y su castillo con horizonte salado
Un tren corto te deja cerca del ascenso al castillo, que vigila el mar desde hace siglos. Recorre el teatro romano, contempla tejados rojizos y respira a pleno pulmón el aroma del salitre mezclado con piedra caliente. Después, un bus te baja a la playa de arena ancha perfecta para largos paseos. Planifica agua y sombrero; la combinación de historia y baño marino, accesible sin coche, recompensa el esfuerzo con recuerdos que persisten como una canción del verano.